Blog de Recursos y Habilidades

Comunicación y emociones: desarrollo de habilidades personales y profesionales.

CREENCIAS Y SISTEMAS DE CREENCIAS

Las creencias son básicamente juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Las creencias son  generalizaciones firmemente aferradas acerca de:

1. Causalidad

2. Significado

3. Límites en:

                     a. El mundo que nos rodea

                     b. Nuestro comportamiento

                     c. Nuestras capacidades

                     d. Nuestra identidad

Las afirmaciones “El movimiento de las placas continentales provoca los terremotos” y “La ira divina provoca los terremotos”, reflejan creencias distintas acerca del mundo que nos rodea. Las creencias funcionan a un nivel distinto que el comportamiento y la percepción, e influyen sobre nuestra experiencia e interpretación de la realidad.

Según sean sus creencias, cada cual adoptará un planteamiento distinto al tratar de conseguir el éxito. Es más, el modo en que una situación encaje o no con las creencias y los sistemas de valores de un individuo o grupo de individuos, determinará cómo serán éstas recibidas e incorporadas.

EL PODER DE LAS CREENCIAS

Las creencias resultan notablemente difíciles de cambiar por medio de las normas tradicionales de pensamiento lógico o racional.

Nuestras creencias sobre nosotros mismos, así como sobre lo que es posible en el mundo a nuestro alrededor, influyen con fuerza en nuestra eficacia cotidiana. Cada uno de nosotros tiene creencias que actúan como recursos, junto con otras que nos limitan.

Nuestras creencias pueden moldear, afectar e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestras relaciones, nuestra creatividad, e incluso nuestro nivel de felicidad y éxito personal. Muchas de estas creencias nos fueron implantadas en la infancia por padres, maestros, entorno social y medios de comunicación, mucho antes de que fuéramos conscientes de su impacto o de que pudiésemos decidir sobre ellas.

CREENCIAS LIMITADORAS

Las tres áreas más comunes de creencias limitadoras se centran en torno a las cuestiones relacionadas con:

1. Desesperanza: Creencia de que el objetivo deseado no es alcanzable, sean cuales sean nuestras capacidades. Se caracteriza por el sentimiento de que “Haga lo que haga nada cambiará”; “Lo que deseo es inalcanzable”; “Soy una víctima”.

2. Impotencia: Creencia de que el objetivo deseado es alcanzable, pero no somos capaces de lograrlo. Produce el sentimiento de que “Eso está al alcance de otros, pero no de mí”; “No soy lo bastante bueno o capaz para conseguirlo”.

3. Ausencia de mérito: Creencia de que, aunque creemos que el objetivo deseado es alcanzable y disponemos de la capacidad para lograrlo, renunciamos a él porque creemos que no merecemos conseguirlo. Se caracteriza por el sentimiento de que “Soy un fraude”; “No pertenezco aquí”; “No merezco ser feliz o estar sano”; “Hay algo fundamentalmente malo en mí como persona”; “Merezco el dolor y el sufrimiento que estoy experimentando”

Para tener éxito, las personas necesitan cambiar esta clase de creencias limitadoras por otras que impliquen esperanza en el futuro, sensación de capacidad y responsabilidad y sentido de valía y pertenencia.

Obviamente, las creencias más penetrantes son aquellas que se relacionan con nuestra identidad. He aquí algunos ejemplos de creencias limitadoras relacionadas con la identidad: “Soy un inútil / no valgo / soy una víctima”; “No merezco tener éxito”; “Si consigo lo que deseo perderé alguna otra cosa”; “No tengo permiso para tener éxito”.

Las creencias limitadoras operan a veces como “virus mentales”, que llegan a convertirse en “una profecía que se cumple por sí misma” y a interferir con nuestros esfuerzos. Los virus mentales contienen suposiciones y presuposiciones no verbalizadas, lo que las hace aún más difíciles de identificar y combatir. Frecuentemente, las creencias más influyentes están fuera del alcance de nuestra conciencia.

TRANSFORMAR LAS CREENCIAS LIMITADORAS

Transformamos las creencias limitadoras y nos “inmunizamos” a los “virus mentales” cuando expandimos y enriquecemos nuestro modelo del mundo, y percibimos con mayor claridad nuestra identidad y nuestras misiones. Las creencias limitadoras son a menudo desarrolladas con el objetivo de cumplimentar algún propósito positivo, como el de protegerse, establecer límites, dotarse de poder personal, etc. Reconociendo estas intenciones profundas y actualizando nuestros mapas mentales para incluir otras formas más eficaces de cumplimentarlas, las creencias pueden ser a menudo cambiadas con un mínimo de esfuerzo y sufrimiento.

Cuando una persona no sabe cómo cambiar su comportamiento, es fácil que elabore la creencia de que “Este comportamiento no puede cambiarse” Resulta a menudo importante proporcionar las respuestas a una serie de preguntas sobre el “cómo” para ayudar a la persona a transformar sus creencias. Por ejemplo, para tratar con una creencia como “Es peligroso mostrar mis emociones”, deberemos responder a la pregunta: “¿Cómo puedo mostrar mis emociones y mantener al mismo tiempo la seguridad?”

Las creencias, tanto las potenciadoras como las limitadoras, son a menudo construidas mediante la realimentación y el refuerzo procedentes de otras personas significativas para nosotros. Nuestros sentidos de identidad y misión, vienen a menudo definidos por otras personas importantes, o “mentores” que nos sirven como puntos de referencia para los sistemas mayores de los que nos percibimos como miembros.

Por consiguiente, clarificar o alterar relaciones clave, así como los mensajes recibidos en el contexto de esas relaciones, suele facilitar de forma espontánea cambios en las creencias. Establecer nuevas relaciones es a menudo parte importante en la promoción de un cambio de creencias perdurable, sobre todo cuando se trata de relaciones que proporcionan soporte positivo a nivel de identidad.

“El Poder de la Palabra”

Robert Dilts

Editorial Urano

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  • Iván Fuerteventura comentó:

    Buen artículo en el que considero que no solo es importante cambiar esas creencias para tu bien propio sino para el común, es decir, reprogramar todas esas creencias para que no se transmitan de generación en generación como algo “inherente” a tu grupo familiar, descendientes, etc.

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