Blog de Recursos y Habilidades

Comunicación y emociones: desarrollo de habilidades personales y profesionales.

Competencias emocionales subyacentes ( 3ª parte): autodominio (autocontrol o autorregulación).

“Sabio es, quien sabe controlarse. Conoce tus debilidades, para aprender a dominarlas”. Sócrates.

“Quien se controla a sí mismo, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás”. Confucio.

El autodominio, también conocido como autocontrol, es la capacidad que tiene el individuo para regular de forma consciente y voluntaria,  los impulsos y las emociones, los estados de ánimo y sentimientos y, también, para retrasar voluntariamente las gratificaciones, yendo más allá del placer inmediato mientras se persigue un objetivo superior en el futuro, cuestión que nos convierte en seres propositivos (por ejemplo, renuncio al placer inmediato de ir a la playa, para estudiar y aprobar las oposiciones). Si te interesa, sigue leyendo…

Competencias emocionales subyacentes (2ª parte): autoconocimiento.

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo” – William Shakespeare.

La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás, desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza.  Esta es la primera aptitud de la Inteligencia Emocional (IE). Parte de que, si uno no logra conocerse bien a si mismo, no es consciente de cuáles son sus fortalezas y debilidades, no aprende a identificar sus estados de ánimo y las consecuencias que estos pueden tener en su comportamiento, difícilmente podrá controlar sus reacciones y utilizarlas productivamente. Tampoco podrá comprender bien el comportamiento de los que le rodean, identificar sus sentimientos y emociones, ni podrá actuar con efectividad en sus relaciones interpersonales, todo lo cual resulta esencial en el trabajo de dirección. Si te interesa, sigue leyendo…

La condición posmoderna nos deja una crisis de sentido de nuestra vida. ¿Qué hacer?

Durante siglos nos hemos apoyado en discursos sociales fundamentales (religiosos, políticos, filosóficos, etcétera) para generar el sentido que necesitábamos para seguir viviendo. Esos metarrelatos contestaban a las preguntas acerca de por qué la vida, nosotros y el mundo tenían un sentido. El debilitamiento de estos discursos fundamentales y su creciente incapacidad para generar por sí solos el sentido pleno de la vida que necesitamos es un rasgo de nuestro tiempo. Este rasgo histórico, llamado la condición posmoderna, nos deja en una recurrente crisis de sentido, donde las respuestas religiosas, políticas, filosóficas, etcétera, del pasado no pueden darnos salidas de forma tan efectiva como lo hicieron alguna vez. Muchos de los males sociales de hoy han sido respuestas, frecuentemente respuestas desesperadas al sentido del que carecemos.  Si te interesa, sigue leyendo…

«¿Hacia dónde camina Europa: cultura del esfuerzo (Alemania) o del bienestar personal (EEUU, Gran Bretaña, España…)?»

La Batalla de Jena tuvo lugar el 14 de octubre de 1806, y enfrentó al ejército francés bajo el mando de Napoleón contra las tropas prusianas comandadas por Federico Guillermo III de Prusia. Esta batalla, junto a la Batalla de Auerstädt, significó la derrota de Prusia y su salida de las Guerras Napoleónicas hasta 1813.

Aunque, en ocasiones, no somos conscientes de la importancia del pasado en el devenir del presente, trataremos de hacer un pequeño retrato de los valores  alemanes de los últimos 200 años y de su sombra en la Europa actual.

La victoria de Napoleón sobre Prusia en la Batalla de Jena en 1806 cambió el mundo, porque condujo a la creación de la universidad moderna, centrada en la investigación. Si te interesa, sigue leyendo…

EL “Tao Te King” (“Dào Dé Jing”): El mejor libro del mundo, sin olvidar la Biblia.

Estatua de Lao Tsé en Quanzhou, localidad de la provincia de Fujian, en china.

El “Tao Te King” o “Tao Te Ching”  es un pequeño tratado de proverbios y aforismos, siendo uno de los libros básicos del pensamiento humano y la obra literaria más traducida del chino, y la  más difícil de traducir, con gran influencia en la filosofía y la cultura oriental. Es un libro moral y pragmático que debe leerse una y otra vez, porque sólo así podemos percibir su sentido de la vida (más profundo, más sabio). El libro presenta enigmas y paradojas que ocultan uno de los pensamientos más avanzados y universales de la humanidad.

Según el “Tao Te King”, “el hombre sabio deja que las cosas sigan su curso natural”. Si te interesa, sigue leyendo…

Libertad humana. ¿Existe el libre albedrío?

El libre albedrío es un mito que el individuo se cuenta a sí mismo. Esto no significa que la libertad no exista, pero sí que es difícil de conseguir en esta vida. Quizás algo que tememos tanto como la muerte, es lo único que nos libera del mundo terrenal o nos hace libres en un  mundo desconocido, sin las dimensiones de tiempo y espacio.

Se puede decir que la libertad terrenal corresponde a la ausencia de obligaciones. Libertad de movimiento, de pensamiento, de profesión: “La libertad consiste en poder hacer lo que yo quiero” (Voltaire). La primera fase de la libertad pasa por la libertad de movimiento, que supone la movilidad física, el derecho a circular libremente. Ser libre es ir adonde nos apetezca, pensar lo que queramos, ejercer el oficio deseado, amar sin miedo. Todo ello nos parece natural, pero no debemos olvidar que se trata de una larga conquista  histórica. El liberalismo político conquistó Inglaterra en el siglo XVII. Fue una ideología de lucha contra el absolutismo monárquico. Podemos considerar a Locke (1632-1704) como uno de los primeros en anunciar aquellos principios: El fin de la organización política no es el poder del Estado, sino de los individuos libres de pensar, creer, circular, organizar sus vidas, siempre y cuando la libertad del otro no esté amenazada o en peligro. Ésta sería la libertad formal, la política, la que nos otorga  el derecho universal. Una vez alcanzada la libertad formal, se tiene que pasar a la libertad concreta. Ya no se trata de tener derecho, sino de tener el poder concreto de hacer lo que se desee, la capacidad efectiva del individuo de elegir su vida, libertad que alcanzamos sólo cuando dominamos unos recursos necesarios y suficientes para poder sentirnos libres.

Por otro lado, es necesario distinguir dos conceptos de libertad. La “libertad negativa” corresponde al hecho de no ser entorpecida por los demás en la realización de lo que deseamos hacer, por ejemplo, la ausencia de la censura de prensa. La “libertad positiva” es el poder de controlar las decisiones públicas o de formar parte de las mismas, por ejemplo, el derecho a ejercer el voto en unas elecciones democráticas.

Otro aspecto de la libertad es la autonomía (Kant). La autonomía no es la ausencia de coacción, sino la posibilidad de imponerse a  la propia ley. Por ejemplo, la autonomía de un pintor o músico supone mucha autodisciplina.

Finalmente, para contestar a la pregunta ¿Podemos ser libres?, muchos filósofos contestan que el libre albedrío total es una ficción. Pero la libertad tiene sentido si se considera en relación con una obligación interna  o externa de desarrollar todo nuestro potencial, todo nuestro talento y, en  definitiva, todo nuestro ser competente (emotivo, social y  cognitivo). Para conseguir dicha libertad debemos disponer de los medios para realizar la propia voluntad: después de saber lo que se quiere, emplear las herramientas para alcanzarlo, algo que podemos considerar como obligación libremente consentida. La sumisión a uno mismo que nos permite la conquista del ser  potencial (lo que puedo llegar a ser).

Lo que han dicho algunos filósofos al respecto:

 Aristóteles (384 a. C. – 322 a.C.) Conceptualizó la libertad como la tendencia natural del hombre que lo conduce a ser feliz.  De acuerdo a esta consideración, la persona se cree ser libre cuando realiza acciones ligadas a la seguridad que le permite su pensamiento, donde asumiendo los principios éticos , sabe que es libre. Esto hecho mediante la representación de acciones libres y voluntarias que no son producto de coacción, ni de ignorancia.

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